viernes, 21 de diciembre de 2012

MOISÉS CAROL

Moisés Carol, ocupó durante 30 años la página central del suplemento cultural del diario La Nación, una vez por mes, con su increíbles relatos de ficción. Entre sus muchos libros, figura una novela maravillosa, La gran sequía, que inaugura, en la década del 30, antes que García Márquez, lo que luego se llamó realismo mágico. Carol, santiagueño de nacimiento, pero cordobés por elección, era un hombre muy elegante, muy aristocrático y muy ingenioso. Por él viví una larga temporada en el faldón del cerro Uritorco, en Capilla del Monte, donde él estaba radicado desde hacía muchos años. Luego se mudó a San Marcos Sierras, una aldea muy cerquita de Capilla. Mi primer libro publicado se presentó en ese lugar antes que en Buenos Aires. Carol lo había organizado de ese modo y no lo iba a contradecir porque lo he querido mucho. Conste que Carol había pasado los 70 años y yo tenía apenas 30. El día que llegué a San Marcos, vi diseminados por los negocios, unas cartulinas escritas a mano que anunciaban la presentación de mi libro en casa de doña Elvira. San Marcos entonces era una población pequeña y carecía de casa de cultura, así que las actividades se realizaban en el gran patio techado de esa casa. Doña Elvira Castillo, por su parte, fue una de las mujeres más dulces que he conocido. Mientras se acercaba la hora de la presentación, yo pensaba que íbamos a ser unas 15 o 20 personas, como mucho. Y me equivoqué de cabo a rabo. Acercándose la hora de comenzar, mujeres con fuentes repletas de empanadas y hombres con damajuanas y guitarras, llegaban de todos lados, con sus linternas, pues no había electrificación de calles. Todo estaba muy oscuro, pero el patio de doña Elvira era un planeta. Todo Marcos Sierras estaba en ese patio. Y leí los poemas y los guitarreros cantaron y comimos y bebimos y en esa sola noche regalé los 200 ejemplares que había llevado de mi libro, de puro agradecido, por tanta ternura que sin conocerme me habían brindado. En un momento, Carol me separa del resto y me lleva hasta el fondo de la finca. En plena oscuridad, me señala una luz allá a lo lejos y me dice: Ves, Hugo, aquella luz chiquita? A ese no lo he invitado. Y por qué no lo invitó Carol? Entonces me respondió: Y cómo lo voy a invitar si ese es el policía!


1 comentario:

  1. Maravilloso relato. Me emocionó. Si me permite Sr. Hugo Toscadaray lo quisiera narrar.
    Liliana Farfal.

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